Aquí encontrarás respuestas a algunas de las dudas más comunes sobre la forma en que trabajo, el desarrollo de las sesiones y los objetivos del proceso terapéutico.
Trabajo desde una perspectiva integrativa y basada en evidencia, utilizando principalmente Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), Terapia Dialéctico-Conductual (DBT) y Psicoterapia Analítico-Funcional (FAP), además de herramientas especializadas para trauma. La intervención se adapta a las necesidades, características y objetivos de cada persona.
Significa que las decisiones clínicas no se toman únicamente desde la intuición o desde una corriente terapéutica, sino integrando la mejor evidencia científica disponible, la experiencia clínica y las características, necesidades, valores y preferencias de cada persona.
Es una forma de comprender el autismo, el TDAH y otras neurodivergencias como parte de la diversidad humana. La intervención no busca que la persona parezca neurotípica ni eliminar características que no le generan daño, sino favorecer autoconocimiento, autonomía, regulación, bienestar y una mejor calidad de vida.
Depende de los objetivos y necesidades de cada persona, pero generalmente un proceso puede durar entre 12 y 24 sesiones. En situaciones de mayor complejidad puede requerirse un acompañamiento más prolongado. La duración se revisa de acuerdo con los avances y no se prolonga innecesariamente.
Sí. La terapia no ocurre únicamente durante la sesión. Habitualmente se proponen ejercicios, registros, lecturas, prácticas o actividades para aplicar lo trabajado en la vida cotidiana. Las tareas se adaptan a las posibilidades y necesidades de cada persona y forman parte del proceso terapéutico.
No. Uno de los objetivos de la terapia es que desarrolles herramientas que puedas utilizar de manera autónoma. Conforme se alcanzan los objetivos, las sesiones pueden espaciarse hasta llegar al alta terapéutica. La intención es favorecer autonomía, no generar dependencia del proceso ni del terapeuta.
Desde el inicio se establecen objetivos terapéuticos y durante el proceso se revisan los cambios alcanzados. El avance no se mide solamente por “sentirse mejor”, sino también por cambios en el funcionamiento cotidiano, adquisición de habilidades, mayor autonomía y capacidad para afrontar las situaciones que originalmente motivaron la consulta.
Cuando los objetivos se han alcanzado y las herramientas adquiridas pueden utilizarse de manera autónoma, se prepara el cierre del proceso. Las sesiones pueden espaciarse progresivamente y se trabajan estrategias para mantener los avances. Recibir el alta no significa que nunca puedas volver a terapia: puedes iniciar un nuevo proceso en el futuro si aparecen necesidades diferentes.
Mi práctica clínica está enfocada principalmente en personas adultas. Esto permite ofrecer una atención especializada en las necesidades que pueden presentarse durante la adultez, incluyendo neurodivergencia, trauma, regulación emocional, relaciones y funcionamiento neuropsicológico.
Sí. Realizo procesos de evaluación en personas adultas considerando no solamente los resultados de instrumentos, sino también la historia del desarrollo, entrevista clínica, observación, funcionamiento cotidiano y características cognitivas, emocionales y sensoriales relevantes para cada caso.
No necesariamente. La información sobre el desarrollo temprano es valiosa, pero la participación de los padres no es un requisito indispensable para realizar una evaluación en la adultez. Cuando es posible y la persona evaluada lo desea, pueden utilizarse distintas fuentes de información; cuando no están disponibles, la evaluación se adapta a las circunstancias particulares.
No. Puedes acudir tanto si ya cuentas con un diagnóstico como si tienes dudas sobre lo que estás experimentando o simplemente deseas trabajar alguna dificultad específica. Durante las primeras sesiones podemos determinar qué tipo de acompañamiento resulta más adecuado.
No. Aunque una de mis áreas de especialización es la neurodivergencia en adultos, también trabajo con personas neurotípicas en dificultades relacionadas con trauma, ansiedad, estado de ánimo, regulación emocional, relaciones interpersonales y otras necesidades psicológicas.
No. Especialmente al trabajar con personas neurodivergentes, se contemplan distintas formas de comunicación y autorregulación. No es necesario mantener contacto visual, permanecer inmóvil, ocultar movimientos autorregulatorios ni forzarte a comunicarte de una manera que incremente innecesariamente tu carga cognitiva.
Puedes decirlo en cualquier momento. Las sesiones pueden adaptarse cuando existe sobrecarga emocional, cognitiva o sensorial. Podemos realizar pausas, modificar una actividad o detenerla si es necesario. El objetivo terapéutico nunca está por encima de tu seguridad y regulación.
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